¿Cuántas veces escuché "por qué no se vuelven a su país"? ¿Cuántas veces ha salido en una conversación sobre 'cualquier tema' la frase "nos sacan el trabajo y encima usan nuestros hospitales"? Y como este tipo de argumentos, muchos más.
Está claro que la "invasión silenciosa" de los países limítrofes es una preocupación recurrente de nuestra sociedad, aunque creo que los que hablan sobre estos temas lo hacen con pocos datos ciertos de la realidad. No es que cuente con información precisa (para lo cual invito a que alguien pueda obtenerla y compartirla), pero es claro que las condiciones económicas de la época menemista era mucho mejor que la posterior a la devaluación por una cuestión simple: el tipo de cambio y la posibilidad de multiplicar el valor de las remesas hacia sus países de origen. Esto indica que no puede haber aumentado el porcentaje de personas extranjeras residentes en el país como si aumenta la preocupación, en situaciones exagerada.
Por otra parte, ¿Si cualquiera de nosotros puede ir a Europa a vivir y trabajar, por qué no puede un boliviano o de cualquier otra nacionalidad venir hacia aquí? Es evidente que el problema radica en una carga simbólica negativa que se le asocia a este tipo de pueblos, de lo contrario, no se explica que no se diga lo mismo cuando nos visita un "yankee", europeo o japonés.
La xenofobia absurda que frecuenta en el país muestra también que ni siquiera nos damos, como sociedad e incluso como individuos, la oportunidad de abrirnos ante los demás, ya que solemos ser hirientes como si el miedo que le tenemos a "lo otro" nos sacara lo peor de nosotros.
También quería contarles a qué viene todo esto. Porque muchos hablan de "ellos" entre "nosotros" como para sacarnos las ganas de la queja. En realidad, he tenido la suerte de poder convivir cotidianamente con vecinos de otras nacionalidades y, la verdad, con todos ellos me llevo muy bien. No sé cómo son todos los paraguayos, pero los pocos que conozco (como Ovando) cuentan con mi confianza pues nunca me han fallado. No sé tampoco cómo son todos los peruanos, pero María puede trabajar en mi casa sin necesidad de vigilarla (ya van a hacer 5 años). Menos aun me animo a describir cómo son los bolivianos, tan castigados entre los castigados, pero Berna y su marido son unas personas bárbaras en las que pueden confiar pues su trabajo lo hacen de maravillas y, encima durante más de 15 horas diarias (y sin franco ni feriado).
Realmente, quiero despedirme con el relato de una conversación que tuve hace un tiempo con el marido de Berna (en alusión a las vacaciones):
El: ¿Cómo es el mar?
Yo: ¿No conocés el mar?
El: No, acá en la verdulería no podemos irnos porque se echa a perder la mercadería. Por eso es que abrimos hasta los domingos.
Creo que en una sociedad que quiere ir al frente, los que tienen que estar seguro son los que tienen ganas de trabajar, más allá de cualquier nacionalidad.
lunes, 4 de mayo de 2009
viernes, 1 de mayo de 2009
Un país con más oportunidades
Hoy recorría la ciudad de Buenos Aires con la mente preocupada por muchas cuestiones con las que un 1º de mayo se ve teñido de forma particular. Allí, en el colectivo, muchas caras, todas con un denominador común: la preocupación. Quizá sea la posible gripe porcina o influenza A que sin haber llegado ya aterroriza los rostros (o en el mejor de los casos, los cubre con mascarillas). También puede ser la crisis económica o financiera que no deja pensar más allá de "¿qué pasará mañana?". O puede ser una acumulación de cosas que cada uno pondera de manera diferente pero que, en suma, no nos deja vivir con alegría.
Sin embargo, me retumbaba en la cabeza la movilización sindical de ayer y me encontré rodeado de modelos. ¡No!, Pancho Dotto no vino. Eran modelos de gobierno que pueden seguir o finalizar; modelos económicos, sociales, políticos, y quién sabe si culturales no entran también en discusión. Como mi psiquis no es lineal o fácil de entender, eso me llevó a recordar que, salvo esta vez, por lo general los reclamos sindicales siempre están asociados a mejoras salariales, lo cual no está mal pues uno debe partir siempre del supuesto que debería estar mejor pago.
En ese momento, el colectivo pasaba por lugares que en mi infancia solía recorrer (para los que se ubiquen era por Villa Lugano, Tapiales aunque podría dar lo mismo cualquier recorrido) y me di cuenta que todo estaba igual que siempre con un agregado de 25 años de falta de mantenimiento. Y entonces me pregunté: ¿Por qué los sindicalistas nunca ponen como prioridad reclamar por mayor capacitación para sus representados? ¿Por qué no reclaman por políticas que incluyan plus salarial por la actualización educativa permanente de los trabajadores? ¿Y por qué los candidatos o políticos en vísperas de elecciones no hablan de educación, de salud o de trabajo con la mismas ganas que de seguridad, de pobreza o de distribución equitativa del ingreso?
¿No se dan cuenta que la educación abre puertas? ¿Que el trabajo dignifica? ¿Y que la salud permite sostener ambas cosas anteriores en el tiempo? Porque un pueblo que tenga herramientas para sortear obstáculos, motivaciones y objetivos por qué pelear y condiciones aptas con qué sobrevivir recorre un camino de desarrollo constante y sostenido. Sin querer justificar sino comprender el fenómeno, la inseguridad no es sino la respuesta a la falta de oportunidades, consecuencia de un modelo estructural caracterizado por la falta de educación, la falta de trabajo y la falta de salud.
Este desacierto o apuesta voluntaria a la pobreza trastoca los mejores valores con lo que puede desarrollarse una sociedad: dignidad, esfuerzo, conocimiento, superación, respeto, solidaridad, confianza y amor.
En épocas de crisis, como la de ahora, pueden "manotearse" ideas desesperadas. Pero ellas, de acuerdo con el contexto en el que fueron pensadas, no conjugan más que valores negativos. Los planes trabajar, tan necesarios como única respuesta a la devaluación criminal del 2002 (llegaron a ser más de 2 millones de hogares, por lo menos) mantenidos en el tiempo pueden llegar a enseñarnos que la vida no se transita por el camino del mérito, del esfuerzo y de la dedicación sino que "ésto es más fácil".
Muchos años de pobreza, quizá estructural desde la época de los militares, generan que las mayorías que la sufren con más dureza vivan todos los días con mucho dolor y sufrimiento, incluso mayor del que te intentás imaginar en este momento. En especial de esos niños, hojas en blanco con todo por-venir. Cuántos proyectos frustrados, cuantas vidas desperdiciadas por la voluntad de unos tantos.
La única oportunidad es tomar la decisión de volver al rumbo del "bienestar para todos". Quiero que todos tengan oportunidades de desarrollarse, de decidir por sí mismo, que tengan un punto de vista propio de la realidad, que reclamen lo que les parezca justo, que podamos arreglar las diferencias democráticamente, con respeto. Porque hace mucho que nos gobiernan con la pobreza, por la pobreza y para la pobreza. Nos tienen rehénes en la miseria y no quieren soltar la rienda. Si desarrollarse es sinómino de libertad y autonomía, quiero que confien en la libertad de este pueblo, no lo retengan más. Dejenlo crecer y creer nuevamente.
Me tuve que bajar del colectivo. La realidad volvió a mí a través de un cartel de campaña que últimamente está ahí ("El cambio comienza un día"). Pero quiero compartir estas inquietudes con ustedes porque creo que nos merecemos TODOS un país mejor. Ni SOLOS ni DIVIDIDOS; TODOS JUNTOS.
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