viernes, 1 de mayo de 2009

Un país con más oportunidades




Hoy recorría la ciudad de Buenos Aires con la mente preocupada por muchas cuestiones con las que un 1º de mayo se ve teñido de forma particular. Allí, en el colectivo, muchas caras, todas con un denominador común: la preocupación. Quizá sea la posible gripe porcina o influenza A que sin haber llegado ya aterroriza los rostros (o en el mejor de los casos, los cubre con mascarillas). También puede ser la crisis económica o financiera que no deja pensar más allá de "¿qué pasará mañana?". O puede ser una acumulación de cosas que cada uno pondera de manera diferente pero que, en suma, no nos deja vivir con alegría.



Sin embargo, me retumbaba en la cabeza la movilización sindical de ayer y me encontré rodeado de modelos. ¡No!, Pancho Dotto no vino. Eran modelos de gobierno que pueden seguir o finalizar; modelos económicos, sociales, políticos, y quién sabe si culturales no entran también en discusión. Como mi psiquis no es lineal o fácil de entender, eso me llevó a recordar que, salvo esta vez, por lo general los reclamos sindicales siempre están asociados a mejoras salariales, lo cual no está mal pues uno debe partir siempre del supuesto que debería estar mejor pago.



En ese momento, el colectivo pasaba por lugares que en mi infancia solía recorrer (para los que se ubiquen era por Villa Lugano, Tapiales aunque podría dar lo mismo cualquier recorrido) y me di cuenta que todo estaba igual que siempre con un agregado de 25 años de falta de mantenimiento. Y entonces me pregunté: ¿Por qué los sindicalistas nunca ponen como prioridad reclamar por mayor capacitación para sus representados? ¿Por qué no reclaman por políticas que incluyan plus salarial por la actualización educativa permanente de los trabajadores? ¿Y por qué los candidatos o políticos en vísperas de elecciones no hablan de educación, de salud o de trabajo con la mismas ganas que de seguridad, de pobreza o de distribución equitativa del ingreso?



¿No se dan cuenta que la educación abre puertas? ¿Que el trabajo dignifica? ¿Y que la salud permite sostener ambas cosas anteriores en el tiempo? Porque un pueblo que tenga herramientas para sortear obstáculos, motivaciones y objetivos por qué pelear y condiciones aptas con qué sobrevivir recorre un camino de desarrollo constante y sostenido. Sin querer justificar sino comprender el fenómeno, la inseguridad no es sino la respuesta a la falta de oportunidades, consecuencia de un modelo estructural caracterizado por la falta de educación, la falta de trabajo y la falta de salud.



Este desacierto o apuesta voluntaria a la pobreza trastoca los mejores valores con lo que puede desarrollarse una sociedad: dignidad, esfuerzo, conocimiento, superación, respeto, solidaridad, confianza y amor.



En épocas de crisis, como la de ahora, pueden "manotearse" ideas desesperadas. Pero ellas, de acuerdo con el contexto en el que fueron pensadas, no conjugan más que valores negativos. Los planes trabajar, tan necesarios como única respuesta a la devaluación criminal del 2002 (llegaron a ser más de 2 millones de hogares, por lo menos) mantenidos en el tiempo pueden llegar a enseñarnos que la vida no se transita por el camino del mérito, del esfuerzo y de la dedicación sino que "ésto es más fácil".



Muchos años de pobreza, quizá estructural desde la época de los militares, generan que las mayorías que la sufren con más dureza vivan todos los días con mucho dolor y sufrimiento, incluso mayor del que te intentás imaginar en este momento. En especial de esos niños, hojas en blanco con todo por-venir. Cuántos proyectos frustrados, cuantas vidas desperdiciadas por la voluntad de unos tantos.



La única oportunidad es tomar la decisión de volver al rumbo del "bienestar para todos". Quiero que todos tengan oportunidades de desarrollarse, de decidir por sí mismo, que tengan un punto de vista propio de la realidad, que reclamen lo que les parezca justo, que podamos arreglar las diferencias democráticamente, con respeto. Porque hace mucho que nos gobiernan con la pobreza, por la pobreza y para la pobreza. Nos tienen rehénes en la miseria y no quieren soltar la rienda. Si desarrollarse es sinómino de libertad y autonomía, quiero que confien en la libertad de este pueblo, no lo retengan más. Dejenlo crecer y creer nuevamente.



Me tuve que bajar del colectivo. La realidad volvió a mí a través de un cartel de campaña que últimamente está ahí ("El cambio comienza un día"). Pero quiero compartir estas inquietudes con ustedes porque creo que nos merecemos TODOS un país mejor. Ni SOLOS ni DIVIDIDOS; TODOS JUNTOS.


















No hay comentarios:

Publicar un comentario