lunes, 4 de mayo de 2009

¡Esos bolivianos... son mis amigos!

¿Cuántas veces escuché "por qué no se vuelven a su país"? ¿Cuántas veces ha salido en una conversación sobre 'cualquier tema' la frase "nos sacan el trabajo y encima usan nuestros hospitales"? Y como este tipo de argumentos, muchos más.
Está claro que la "invasión silenciosa" de los países limítrofes es una preocupación recurrente de nuestra sociedad, aunque creo que los que hablan sobre estos temas lo hacen con pocos datos ciertos de la realidad. No es que cuente con información precisa (para lo cual invito a que alguien pueda obtenerla y compartirla), pero es claro que las condiciones económicas de la época menemista era mucho mejor que la posterior a la devaluación por una cuestión simple: el tipo de cambio y la posibilidad de multiplicar el valor de las remesas hacia sus países de origen. Esto indica que no puede haber aumentado el porcentaje de personas extranjeras residentes en el país como si aumenta la preocupación, en situaciones exagerada.
Por otra parte, ¿Si cualquiera de nosotros puede ir a Europa a vivir y trabajar, por qué no puede un boliviano o de cualquier otra nacionalidad venir hacia aquí? Es evidente que el problema radica en una carga simbólica negativa que se le asocia a este tipo de pueblos, de lo contrario, no se explica que no se diga lo mismo cuando nos visita un "yankee", europeo o japonés.
La xenofobia absurda que frecuenta en el país muestra también que ni siquiera nos damos, como sociedad e incluso como individuos, la oportunidad de abrirnos ante los demás, ya que solemos ser hirientes como si el miedo que le tenemos a "lo otro" nos sacara lo peor de nosotros.
También quería contarles a qué viene todo esto. Porque muchos hablan de "ellos" entre "nosotros" como para sacarnos las ganas de la queja. En realidad, he tenido la suerte de poder convivir cotidianamente con vecinos de otras nacionalidades y, la verdad, con todos ellos me llevo muy bien. No sé cómo son todos los paraguayos, pero los pocos que conozco (como Ovando) cuentan con mi confianza pues nunca me han fallado. No sé tampoco cómo son todos los peruanos, pero María puede trabajar en mi casa sin necesidad de vigilarla (ya van a hacer 5 años). Menos aun me animo a describir cómo son los bolivianos, tan castigados entre los castigados, pero Berna y su marido son unas personas bárbaras en las que pueden confiar pues su trabajo lo hacen de maravillas y, encima durante más de 15 horas diarias (y sin franco ni feriado).
Realmente, quiero despedirme con el relato de una conversación que tuve hace un tiempo con el marido de Berna (en alusión a las vacaciones):
El: ¿Cómo es el mar?
Yo: ¿No conocés el mar?
El: No, acá en la verdulería no podemos irnos porque se echa a perder la mercadería. Por eso es que abrimos hasta los domingos.

Creo que en una sociedad que quiere ir al frente, los que tienen que estar seguro son los que tienen ganas de trabajar, más allá de cualquier nacionalidad.

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